🟣 Capítulo 3: La señora del «¿Por qué me crece la barriga?»

Era un lunes de esos tan tranquilos que hasta el reloj parecía tener pereza. En urgencias, lo que uno menos espera es que alguien entre con cara de asombro, como si acabara de descubrir que la Tierra no es plana. Pero allí llegó ella, con su barriga de unos seis meses y una mirada que claramente decía: «Esto no me lo habían dicho en ningún curso de embarazo, ¿eh?»

Se sentĂł, hizo un gesto con las manos sobre su panza como si quisiera sujetarla, y me soltĂł:

— Doctora, vengo porque… no entiendo. ÂżPor quĂ© me crece la barriga tanto? ¡Pensaba que solo me iba a hinchar un poco!

Yo, que ya tengo los nervios de acero después de tantos años de servicio, me tomé un segundo para procesarlo. Me senté frente a ella con la cara de “no me hagas esto, por favor, ya llevo todo el día resolviendo emergencias y ahora tengo que lidiar con esto”.

— A ver… — le digo, con el tono más calmado que pude. — ¿Qué es lo que no entiendes?

— Pues eso. ¡Mira esto! — dijo, señalando su abdomen, que ya parecía un balón de fútbol. — Yo pensaba que la barriga solo se me iba a hinchar un poquito, pero está creciendo más rápido que mi ansiedad en un viernes 13.

La miré y, en lugar de explotar de risa, respiré hondo. Porque en realidad, esto pasa más de lo que creemos. La gente se sorprende de que la barriga de una mujer embarazada crezca cuando… está embarazada.

— Mira, lo primero que tienes que entender es que… estás embarazada. Es normal que te crezca la barriga. O sea, el bebĂ© no está escondido como una especie de gremlin dentro de ti, está creciendo, ocupando espacio. Y tu abdomen está haciendo lo que tiene que hacer: expandirse.

Me miró como si le hubiera dado una respuesta de física cuántica. Era como si le acabara de revelar el secreto de la vida. La mujer se quedó muda por unos segundos, y su pareja, que estaba al lado, también se quedó mirando como si estuviera en un episodio de Callejeros.

— Pero… yo pensaba que no era así. — insistió, mirando su barriga como si de repente le hubiera salido una segunda cabeza. — ¿Por qué no me lo dijeron?

Ahí es cuando me dio por pensar: ¿En qué mundo vivimos que a estas alturas alguien se sorprende de que, si estás embarazada, tu abdomen va a crecer?

— A ver… — le dije, con una calma que solo un médico en urgencias puede tener en momentos como estos. — Nadie te lo dijo porque, si lo dijeran, sería como advertirte que si te metes en una piscina, te vas a mojar. ¡Es lo más lógico del mundo! Pero lo que pasa es que todo el mundo se concentra en el bebé, las ecografías, las contracciones, y se olvida de lo obvio: TU BARRIGA VA A CRECER. Y eso, amiga mía, es simplemente lo que pasa cuando el bebé crece, ¿vale?

La mujer se quedó pensativa, casi mirando la barriga con respeto, como si fuera un ser autónomo que no le pidiera permiso para seguir creciendo. Y en ese momento, el hombre que la acompañaba, que hasta ese entonces había permanecido en silencio (como buen novio que no sabe de qué va el embarazo pero que quiere estar presente), dijo:

— ¡Pero claro! ¡Es que todos pensábamos que era más… gradual!

Lo miré. ¿Más gradual? ¿Qué quiere decir eso?

— A ver, colega… la barriga no es una planta que puedas ir regando poco a poco. Es un proceso biolĂłgico. No va a crecer de forma simĂ©trica y con mucha gracia. Simplemente crece, como el saldo de tu cuenta bancaria cuando compras algo innecesario por internet.

La mujer me miró sorprendida, como si se le acabara de encender una bombilla en la cabeza. Su cara pasó del desconcierto total a la sorpresa: «¿De verdad?»

— SĂ­, de verdad. Estás creciendo… y eso no va a parar. — le dije, para que se quedara tranquila, pero con la mirada puesta en su compañero. — Y lo mejor de todo: no tienes que hacer nada para que eso pase. Solo, por favor, no te pongas a hacer yoga prenatal a las 3 de la mañana buscando «cĂłmo disminuir la barriga», porque te va a salir peor.

Me sonrió, pero con la sonrisa nerviosa de quien aún no entiende completamente el concepto, pero va a intentar convencerse de que está todo bajo control.

— Entonces… Âżestá bien que se me vea tanto? — preguntĂł, ahora con una mezcla entre alivio y pavor.

— Mira, si te preocupa mucho, siempre puedes contratar a un fotógrafo para que te haga una sesión de fotos de «mujer embarazada y feliz», con la barriga en primer plano, para que veas lo bonito que es ser una incubadora ambulante.

El novio de la mujer ahora parecía más relajado, y su cara ya reflejaba esa mirada de “¡Vale, no estamos tan mal!”

— En serio, doctora, ¿todo esto es normal? — preguntó, ahora sí con un tono de auténtica preocupación.

— Todo esto es más normal que una pizza de cuatro quesos. Si te preocupan otras cosas, me avisas, pero mientras el abdomen crezca por la razón que debe crecer, todo está bien. Y no olvides que, al final del embarazo, tendrás el honor de llevar la barriga más grande de todas. ¡No te preocupes, solo disfrútalo!

Ambos se levantaron, con una sonrisa medio incrédula, medio aliviada. Salieron de la consulta sin hacer más preguntas sobre cómo controlarla o reducirla. Y yo me quedé ahí, reflexionando sobre lo triste que es que la gente se sorprenda tanto por lo que es absolutamente natural.

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